miércoles, 23 de agosto de 2017

Filosofía para una transformación personal

Hay preguntas que desde una perspectiva de la clínica psicológica me hago, motivo del presente artículo; ¿Por qué tenemos miedo a cambiar? ¿Por qué la gente no cambia? ¿Por qué muchas personas han acudido a terapeutas, coaching, transformación personal, gurús, magia, limpias, meditación, yoga, terapia Gestalt, psicoanálisis, psicoterapia racional cognitiva, medicina vibratoria, acupuntura entre otras prácticas y su vida sigue igual? Me parece que no es que alguna de esas técnicas no sirvan, ¿Dónde está nuestro punto ciego? ¿Dónde nuestros nudos? Me parece que tiene que ver con el miedo a cambiar. El mundo se mueve a pasos veloces, cambia todo, las formas de pensar y nosotros seguimos en nuestra zona de confort, en ese lugar que nos da seguridad y que nos estanca a buscar retos, a encontrar caminos. El conflicto humano lleva años acumulando como almacén sentimientos negativos, recuerdos, experiencias que hacen que nuestra percepción genere creencias que nos permitan vivenciar lo mismo. Un pensamiento reducido a una experiencia negativa producto de introyectores (el introyector es un mensaje negativo transmitido como mensaje durante nuestra vida) genera una conducta automatizada que hace que nuestro sistema neuronal active viejos esquemas y creencias que lejos de cambiar nos envejecen energéticamente. Por ejemplo, en mi experiencia clínica las personas con baja autoestima proyectan esa conducta hacia otras personas decidiendo en cierta forma la elección de una relación, de una amistad o hasta de una pareja, mujeres con abaja autoestima buscaran parejas con baja autoestima; otros casos, una joven que va mal en su matrimonio seguramente activará una percepción distorsionada y producirá un esquema de “todos los hombres son iguales” lo cual hará que reducirá su campo de afectividad por temor al fracaso. La religión ocupa un campo importante como refugio y alimentación o reforzamiento de muchas pautas de comportamiento. Muchas personas empiezan a refugiarse en el campo del pensamiento mágico. La tendencia actual es trabajar por un manejo emocional y dejar de entregar nuestra vida al campo de las creencias mágicas. En mi experiencia personal se requiere de un arduo trabajo en el terreno emocional para erradicar viejos patrones incrustados, eso implica tareas muy difíciles como ejemplo, iniciar con saber qué es lo que quiero en mi vida,  a que creencias vivo atado, trabajar con las sensaciones y revisar si estas son producto de una mente hiperactiva, poner la atención de manera flotante de tal manera que vivamos en el presente, esforzarnos en reconocer que el pasado no lo podemos seguir arrastrando porque produce mucho sufrimiento, que el pasado está muerto y que revivir los recuerdos dolorosos es revivir lo muerto dejando de vivir en el presente. También es fundamental que dejemos el futuro como expectativa que nos llena de ansiedad, el tiempo no existe, está en nuestra mente. Trabajar con uno mismo implica una revisión exhaustiva de los resentimientos, sentimientos, aversiones, los motivos de estos, en síntesis se requiere un trabajo donde la conciencia ilumine a la mente. ¿Qué significa eso? La mente -, nos dice el doctor Kinslow -, es como la bobilla y la conciencia como la luz que alumbra esa bobilla. Efectivamente, la mente crea las formas (pensamientos, creencias, ideas, conceptos, etc.). Pero esos no somos, puesto que eso nos dirige, lo que debe iluminar esos conceptos, esas creencias, esas ideas, es la conciencia. Si por ejemplo, dejamos que una creencia, un pensamiento, una idea nos domine entonces decimos que cedemos poder a eso, al ceder poder estamos dejando de construirnos en la trascendencia y nos enajenamos. La conciencia ilumina la mente, entonces dejamos de ver la realidad en función de esas creencias y pensamientos y la empezamos a mirar en una perspectiva más abierta, sabiendo que la noción de la realidad es una construcción social, nadie tiene la razón, solo miramos la realidad de acuerdo a nuestra historia y vivencias. Decían los programadores neurolingüistas que, la realidad no existe, lo que existe es una forma de percibirla. Un ejemplo de una conciencia iluminada es, dejar de que nuestra mente se fugue y escape de las amenazas, muchas personas crean juicios acerca de la conducta de los demás, si lo miran, si hablan, si suponen que dicen (la cultura del rumor), entonces la persona se siente amenazada, esa es la trampa de la mente, creer algo que puede ser ilusión o que la producimos como fantasía. Hasta aquí me parece que el trabajo interno implica una revisión constante de nosotros mismos y no fugarse en el pensamiento mágico; la crisis humana a nivel emocional tiene una tendencia peligrosa, querer buscar en los falsos curadores o literatura una solución al conflicto; siempre he creído que, uno es el responsable de sus pensamientos y de sus emociones, nadie más y si no empezamos por allí entonces recurriremos a la fuga. No se trata de encontrar una respuesta al misterio humano en los libros de superación personal, solo hay que mirarse y preguntarse ¿Cómo me quiero sentir? Usted se siente como se piensa. Una vieja historia me recuerda la importancia d esto; en el océano había un pequeño pez que viajaba para encontrar el océano, cierto día se encontró con un pez muy grande y le pregunto; -oiga, sr. Pez usted que es muy grande y que tiene mucha experiencia ¿me puede decir dónde puedo encontrar el océano? A lo cual, el viejo pez le contestó; - el océano es donde estás tú-.  No necesitamos buscar afuera lo que existe adentro, en ese lugar infinito donde nuestras herramientas han sido autosaboteadas, allí done está tu corazón allí estas tú. 

1 comentario:

  1. Excelente articulo. basicamente el rechazo al cambio es por miedo a lo desconocido.

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