El
problema de la violencia hacia la mujer es esconder, disfrazar o pasar por alto
la raíz de donde se origina, es decir, en aquello en lo que se ha arraigado o
normalizado como elemento cultural. En este sentido, cada cultura concibe lo
que es ser hombre y lo que es ser mujer. Entonces esto significa que ambos
conceptos atraviesan por una palabra que muy seguido escuchamos, la palabra
género. ¿Qué es el género? Podríamos
empezar a decir, que género es el conjunto de características y atribuciones
que cada sociedad y cultura le asignan a los seres humanos en función de su
sexo. Eso significa que el género se constituye en un conjunto de saberes
sociales, tales como creencias, discursos, instituciones y prácticas sobre las
diferencias entre los sexos. Para entender mejor el tema de los hilos de la
violencia es importante considerar a ésta como drenaje de energía, hace apenas
unos días nos enteramos del crimen contra una joven reina de belleza en
Honduras, asesinada por su cuñado y el motivo por celos. Sobre ese caso,
revisaba el foro de un periódico que hablaba sobre el tema, y me llamó la
atención el comentario de un joven en el foro que decía “no hay crímenes
pasionales, es machismo”. Esta expresión tiene mucho de razón porque refleja la
estructura de una forma de pensar que va a drenar en un acto criminal. En esa mentalidad hay dos elementos que
discutir, uno es la violencia y el otro es el poder. Hay tres tipos de
violencia según Johan Galtung (2003), la violencia directa, la estructural y la
cultural. Vamos a entender la violencia
tal como la conceptualiza este autor, como una afrenta a las necesidades
humanas básicas y más globalmente contra la vida. ¿Cuáles son esas necesidades?
La primera las necesidades de supervivencia, necesidad de bienestar, necesidad
de representación y finalmente necesidad de libertad. ¿Qué mujer no tiene
necesidad de bienestar? La violencia se ejerce contra ese bienestar a través
del desprecio, maltrato, descalificación, acoso, negación de sus derechos y
disminución de sus opciones vitales. Veamos algunos ejemplos, de este tipo de
violencia, una mujer que no pone limite durante mucho tiempo a ser objeto de
maltrato por parte de su marido. A pesar del infierno en que vive, la mujer
calla, no denuncia, no hace nada por pedir ayuda, por irse, se queda
silenciosamente junto a quien la maltrata y dice hacerlo por amor. ¿Es por amor
al otro o por el amor del otro? Dicen que lo hacen por él, porque las necesita,
pero no es cierto: ellas necesitan esa relación para no ir a la deriva, aunque
les cueste la vida. Necesitan ser únicas para el otro. “Nadie me va a querer
nunca así” escuchamos a veces. Otras pueden reconocer una satisfacción íntima
en que ellos –sus parejas- no puedan vivir sin ellas. Eso las hace sentir
especiales de manera absoluta. No hay riesgo de que las dejen. Precisamente el
riesgo es que no las dejen, que el otro no se pueda separar y ellas tampoco.
Sin embargo esta parte no puede ser ajena a la explotación, qué es violencia
estructural, que se ejerce como acto de dominación y que deriva en otro tipo de
situaciones todavía más complejas como los salarios desiguales, pobreza, poder,
dominio sobre la mujer, haciendo las condiciones en las relaciones, desiguales. Finalmente una expresión más de la violencia,
es la violencia cultural manifestada en el plano simbólico, lingüístico o
ideológico. Un aspecto clave de la violencia simbólica tiene que ver con la
identidad, ésta tiene que ver con la necesidad muy potente de pertenencia, por
ejemplo, hoy es una amenaza para los varones que las mujeres ganen mejor que
ellos o que tengan mejores empleos. Sin embargo, otro factor importante en las
relaciones son los estereotipos que refuerzan conductas potencialmente destructivas
y que se convierten en valores entronizados que configuran nuestras formas de
pensar y sentir; por ejemplo, una de esas conductas es que desde niños nos
dicen “los niños no lloran” o no “tienen miedo” son bien machos. Pareciera que
el núcleo fuerte del varón en el que se demuestra su fuerza es la dureza, el
éxito, el ocultamiento de los sentimientos y la competitividad extrema, el
ejercicio de la dominación, estos forman parte de nuestra identidad como
varones. En el caso de las mujeres, la violencia simbólica se ejerce negando sus aportaciones, hay una
invisibilidad como personas colectivas y una negación a la libertad. No podemos
separar que entre estos tipos de violencia (estructural, cultural y directa) haya
una constante fluidez de cada una de ellas, es decir, cada una fluye en la otra
y se mantiene constantemente alimentando códigos que terminan drenando un
efecto sobre las mujeres. El hombre que maltrata trata de dominar y doblegar a
la mujer, controlando su vida y su voluntad, hasta llegar al extremo de
eliminarla físicamente cuando no consigue lo que se propone. El varón no
reconoce en la mujer a un ser humano igual.
Impulsar el crecimiento y el desarrollo para una mejor calidad de vida de las personas y grupos con un enfoque humanista, partiendo de una intervención psicoterapéutica que ayude a crear capacidades para proyectos de vida, desde la dimensión personal y grupal, la recomposición del tejido socio-comunitario e institucional a través de actividades de psicoterapia grupal, cultura y proyectos educativos y productivos.
sábado, 2 de septiembre de 2017
miércoles, 30 de agosto de 2017
Psicología de la autoestima
Nos
dicen algunos expertos que la autoestima es esencial para la supervivencia
psicológica, ubicando el problema en el juico que uno se hace de sí mismo. Ese
juicio de sí mismo lo vamos a definir desde una perspectiva al que le llamaremos modelo cognitivo, este
modelo se basa en tres ideas sencillas a. usted se siente tal como piensa;
b. Cuando está
angustiado, se está engañando a sí mismo. La ansiedad es consecuencia de
pensamientos distorsionados, ilógicos. Es una estafa mental. Y finalmente,
c. Cuando cambie su manera de pensar,
podrá cambiar su manera de sentirse. (David D. Burns, 2009) ¿Qué hacer entonces? Walter Riso uno de los
actuales psicólogos de la Teoría Racional Cognitiva nos dice “Hay que conseguir que la mente se mire a sí
misma sin tapujos ni autoengaños” (Riso, 2004), para eso propone tres cosas: La
primera, dejar de mentirse a sí mismo (realismo); la segunda, aprender a perder
(humildad) y finalmente, a aprender a discriminar cuándo se justifica actuar y
cuando no (sabiduría).
Quiero
expresar mis opiniones al respecto de lo que dice Riso, lo primero que opino es que hay que dejar de
mentirse así mismo. Todos tenemos actitudes fóbicas, ¿Qué es una actitud
fóbica? Es evitar, el huir de... Muchos
evitamos situaciones desagradables y con ella movilizamos todas nuestras
defensas, todas nuestras resistencias y máscaras, gran parte de nuestra vida es
sintética diría Fritz Perls. Al rechazar o negar nuestras emociones y nuestra manera natural de ser, nos
comprimimos, nos volvemos estructurados y artificiales y mostramos formas de
comportamiento que tienen poca relación con nuestro verdadero ser. Cada uno de nosotros ha ido diseñando a los
largo de su vida un mapa de su propia realidad, una carta geográfica - dirían
los programadores de la neurolingüística-, en ese mapa o carta geográfica se
van registrando una serie de datos conscientes e inconscientes que van a
organizar y hacer significativas las experiencias que organizan nuestras
percepciones. Por ejemplo, una mujer que ha vivido experiencia difíciles con
los hombres puede generalizar diciendo “todos los hombres son iguales” esa
generalización puede ser un pensamiento que limita o estrecha la posibilidad de
volver a hacer una experiencia nueva y abrir su potencial afectivo. Esa mujer va a mantener un modelo
(pensamiento distorsionado) o nudo que suprimirá los mensajes de cariños interpretándolos como si fueran
falsos. Entonces decimos, las cosas no
son como son, sino como las percibimos. Otro ejemplo de pensamiento
distorsionado es el caso de una jovencita que no le gustaba su cara, a la
pregunta, -¿qué es lo que les gusta a los chicos de ti?, responde, les gustan
mis ojos. ¿Y dónde están tus ojos? Vuelvo a preguntar. Contesta, en mi
cara. ¿Los chicos alguna vez te han
dicho que no les gusta tu cara?, me responde, no. Y ¿no has pensado que esa
idea la estas convirtiendo tu en una creencia? Sí, pienso que sí, termina
diciéndome. Me parece que esta es una
forma de pensamiento distorsionado, que
pasamos mucho tiempo autoboicotiandonos. ¿Cómo funciona este boicoteo? 1. La cognición es el determinante más importante y
accesible de la emoción humana. De Manera sencilla, sentimos lo que pensamos.
No son las circunstancias ni los demás los que nos hacen sentir como sentimos,
sino es nuestra manera de procesar estos datos, seamos o no conscientes de
ello. 2.
Para cambiar nuestra perturbación emocional, para mejorar nuestros problemas
emocionales y conductuales, debemos cambiar nuestros esquemas disfuncionales de
pensamiento. 3. Los esquemas disfuncionales de pensamiento son causados por factores
múltiples, que incluyen causas genéticas, biológicas y las influencias
ambientales. Los humanos tienen una natural tendencia a desarrollar
esquemas disfuncionales de pensamiento, aún en los ambientes más
favorables. 4. Aunque la herencia y el ambiente sean importantes en la adquisición de
los esquemas disfuncionales de pensamiento, la gente mantiene sus esquemas
disfuncionales por autoadoctrinamiento o repetición de sus creencias
irracionales. La causa más próxima de perturbación emocional es la adherencia
actual a las creencias irracionales, más que la forma en que fueron adquiridas
en el pasado. Si las personas reevaluaran su pensamiento y lo abandonaran, su
funcionamiento actual sería muy distinto. 5. Las creencias actuales pueden ser cambiadas aunque tal
cambio no sea fácil. Las creencias irracionales pueden cambiarse mediante
esfuerzos activos y persistentes para reconocer, desafiar y revisar el propio
pensamiento. Este tipo de acontecimientos pueden provenir
del mundo externo o del mundo interno, aquí lo que estamos buscando en atenerse
a los hechos lo más realistas que podamos, a lo que sucede. En seguida, esto va
desencadenar creencias o cogniciones referidas a lo que pensamos o hacemos
acerca del acontecimiento activador, es decir, va a generar o provocar ciertos
comportamientos determinados, por ejemplo, “todos los hombres son iguales” “Mi
cara es fea” “no merezco a nadie” “A nadie le gusto”. Finalmente, todo esto va a traer como consecuencia un cambio
emocional y conductual (consecuencias emocionales) va a venir
determinado por el cambio en nuestra forma de pensar o la forma en cómo
interpretemos los acontecimientos activadores o
los hechos.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
