martes, 6 de febrero de 2018

Machismo y violencia


Por: Alejandro Cruz
Matar mujeres se está convirtiendo en una práctica social muy frecuente en México y esto nos habla de que habría que revisar los patrones de crianza en los niños en casa por parte de la familia que hay que erradicar. A la pregunta ¿Cuál es la referencia desde donde los hombres miramos a la mujer? Su referencia es la materialidad, es decir, el cuerpo. El crimen violento hacia las mujeres tiene en mi opinión la configuración de un machismo tóxico, en otras palabras, se centra en una relación de poder y éste no parte solo de su configuración individual, es un poder asentado en una maquinaria social que crea un lenguaje, una mirada, un deseo a la que le denominaré poder simbólico. ¿Cuál es el valor que tiene una mujer? Es una pregunta riesgosa, dado que el valor funciona hoy como mercancía no como condición ética, luego entonces en esa mirada, los hombres no tienen una concepción de la mujer como sujeto de acción sino como deseo. Una mujer vale por lo que el hombre la desea, eso es lo que se enseña hoy en la sociedad de la información.  He tenido experiencias de empoderamiento con mujeres y me sorprende que está sucediendo algo fundamental, frente a ese poder las mujeres cada día rebasan a los hombres y no es una condición de competencias, sino de que cada vez incursionan en campos laborales, profesionales y académicos que superan a los hombres; eso constituye un riesgo en relaciones de pareja, dado que afecta a la autoestima de los hombres y pudiera constituirse como un factor de violencia en casa. Siempre he sostenido la hipótesis de que la educación en casa en importante y allí hay que cuidar dos cosas que pueden tener trascendencia en las futuras relaciones de pareja; la primera y por experiencia sostengo que una mujer debe evitar la sobreprotección en el cuidado de los hijos, esa relación sobreprotectora puede desarrollar poca madurez en un niño entendiendo a esta como la capacidad de autonomía, luego entonces generará una codependencia del hijo hacia la madre produciendo un conflicto con la figura de la autoridad que, más tarde se convertirá en una proyección hacia la figura femenina. El segundo elemento a considerar es la relación y coherencia con los hijos, es decir, el papel que juega el ejemplo de los padres y el lenguaje que constituye la forma en como reflejamos lo que pensamos y sentimos. Por ejemplo, hay que cuidar el lenguaje sexista al que defino como aquellos pensamientos y conductas en el que se mira al mundo como si hubiera sujetos y objetos, y entre estos objetos está la mujer. Hay que promover una cultura de los valores y de una cultura democrática de la vida cotidiana. ¿Cómo debemos hacer esto? Aunque no se trata de recetas de cocina, es fundamental que cada hombre detecte sus propias maniobras de control, los modos en como construye su masculinidad, sus prácticas invisibles como los chistes, las burlas, el acoso, el piropo, etc. Y finalmente tener la capacidad de confrontar y de poner en práctica la autoafirmación de modo asertivo.  Estas prácticas implican un compromiso y una responsabilidad si queremos cambiar, si no se hace difícilmente podemos hablar de seguir evitando violencia contra las mujeres, hay que hacer un esfuerzo muy grande por involucrar a todos los hombres y mujeres, no hay de otra, si no se hace estaremos reproduciendo el poder de esa maquinaria que legitima esas prácticas y sigue produciendo hombres machistas que como una plaga se vuelven tóxicos, no se trata de descalificarlos sino de hacernos conscientes de que la mujer forma parte de esa dualidad  que en el misticismo se llama complementariedad.