Por: Alejandro Cruz
Matar
mujeres se está convirtiendo en una práctica social muy frecuente en México y
esto nos habla de que habría que revisar los patrones de crianza en los niños
en casa por parte de la familia que hay que erradicar. A la pregunta ¿Cuál es
la referencia desde donde los hombres miramos a la mujer? Su referencia es la
materialidad, es decir, el cuerpo. El crimen violento hacia las mujeres tiene
en mi opinión la configuración de un machismo tóxico, en otras palabras, se
centra en una relación de poder y éste no parte solo de su configuración
individual, es un poder asentado en una maquinaria social que crea un lenguaje,
una mirada, un deseo a la que le denominaré poder simbólico. ¿Cuál es el valor
que tiene una mujer? Es una pregunta riesgosa, dado que el valor funciona hoy
como mercancía no como condición ética, luego entonces en esa mirada, los
hombres no tienen una concepción de la mujer como sujeto de acción sino como
deseo. Una mujer vale por lo que el hombre la desea, eso es lo que se enseña
hoy en la sociedad de la información. He
tenido experiencias de empoderamiento con mujeres y me sorprende que está
sucediendo algo fundamental, frente a ese poder las mujeres cada día rebasan a
los hombres y no es una condición de competencias, sino de que cada vez
incursionan en campos laborales, profesionales y académicos que superan a los
hombres; eso constituye un riesgo en relaciones de pareja, dado que afecta a la
autoestima de los hombres y pudiera constituirse como un factor de violencia en
casa. Siempre he sostenido la hipótesis de que la educación en casa en
importante y allí hay que cuidar dos cosas que pueden tener trascendencia en
las futuras relaciones de pareja; la primera y por experiencia sostengo que una
mujer debe evitar la sobreprotección en el cuidado de los hijos, esa relación
sobreprotectora puede desarrollar poca madurez en un niño entendiendo a esta
como la capacidad de autonomía, luego entonces generará una codependencia del
hijo hacia la madre produciendo un conflicto con la figura de la autoridad que,
más tarde se convertirá en una proyección hacia la figura femenina. El segundo
elemento a considerar es la relación y coherencia con los hijos, es decir, el
papel que juega el ejemplo de los padres y el lenguaje que constituye la forma
en como reflejamos lo que pensamos y sentimos. Por ejemplo, hay que cuidar el
lenguaje sexista al que defino como aquellos pensamientos y conductas en el que
se mira al mundo como si hubiera sujetos y objetos, y entre estos objetos está
la mujer. Hay que promover una cultura de los valores y de una cultura democrática
de la vida cotidiana. ¿Cómo debemos hacer esto? Aunque no se trata de recetas
de cocina, es fundamental que cada hombre detecte sus propias maniobras de
control, los modos en como construye su masculinidad, sus prácticas invisibles
como los chistes, las burlas, el acoso, el piropo, etc. Y finalmente tener la
capacidad de confrontar y de poner en práctica la autoafirmación de modo
asertivo. Estas prácticas implican un
compromiso y una responsabilidad si queremos cambiar, si no se hace
difícilmente podemos hablar de seguir evitando violencia contra las mujeres,
hay que hacer un esfuerzo muy grande por involucrar a todos los hombres y
mujeres, no hay de otra, si no se hace estaremos reproduciendo el poder de esa
maquinaria que legitima esas prácticas y sigue produciendo hombres machistas
que como una plaga se vuelven tóxicos, no se trata de descalificarlos sino de
hacernos conscientes de que la mujer forma parte de esa dualidad que en el misticismo se llama
complementariedad.
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