martes, 10 de octubre de 2017

Hacia una comprensión de las codependencias

Para hablar de la codependencia hay que situar el problema, si lo hablamos desde lo psicológico hay que ubicarlo,  primero,  en la noción de las trayectorias del desarrollo y el segundo, en los modelos dinámicos internos. Si lo hablamos desde una perspectiva de análisis social, hay que ubicar el problema en la interacción social- humana entre el mercado y las creencias. Vayamos por partes, desde la perspectiva psicológica, hay una línea a la que denominamos trayectorias del desarrollo  que  plantea “cuanto más tiempo recorra alejado de la normalidad, menos probable será el regreso a ella”. En este sentido, la psicopatología se concibe, como una desviación del desarrollo, resultado de una serie de fases sucesivas de desadaptaciones. En el segundo enfoque, es decir, los modelos dinámicos internos, durante los primeros años de vida a lo largo de las distintas interacciones con la figuras que las prestan los cuidados, el niño va constituyendo gradualmente un conjunto de conocimientos y expectativas sobre la forma como estas figuras actúan y responden a los pedidos de ayuda y protección (accesibilidad y responsabilidad) y sobre el self (valor propio y capacidad para influir sobre los demás). Sin embargo, en ambos casos hay que prestar atención al síntoma. ¿Qué es un síntoma? Diría un gran amigo, Luis Tamayo, psicoanalista, es la huella de un discurso olvidado, emergente del océano de la historia social, familiar o individual. El síntoma de la codependencia o apego psicológico es una adicción, en el sentido de la relación de pareja. El problema de un adicto no es la droga en sí, sino su incapacidad para controlar su consumo, el problema del apego es la incapacidad de controlar su obsesión por el otro. Si lo ponemos en un esquema diremos, que una referencia fundamental de las conductas de apego es la baja autoeficiencia “no soy capaz de hacerme cargo de mí mismo”. Necesitamos de alguien más fuerte psicológicamente que se haga responsable de mí. Las codependencias son un otorgar el poder al otro.  El sujeto no busca amor, busca supervivencia, en estado puro. El amor es una actividad, no es un afecto  pasivo y como actividad este no debe suscribirse a una persona. En ese sentido el amor romántico es una falacia, dado que el despliegue de energía se realiza hacia una persona idealizándola, demandándole afecto, incrustando la necesidad de recibir pasivamente lo que el otro necesita. Algunos autores señalan que hay cuatro factores que se mantienen como creencias y que resultan catastróficos para las relaciones de apego. Considerar el amor como una religión, como meta trae consecuencias que pueden ser fatales. El primer aspecto se refiere a la creencia de que el amor es único, la segunda de que el amor es excluyente, la tercera de que el amor es incondicional y la cuarta de que el amor es para siempre. La realidad nos muestra que el amor es relativo, por la frecuencia de la conflictividad en las relaciones, el amor se acaba, es decir si no se trabaja se atrofia, el amor como actividad abre un abanico de posibilidades para amar a más personas y finalmente,  no es incondicional,  muchas veces nos vamos cuando hay condiciones adversas en nuestra relación; por eso decía anteriormente que el amor romántico es una falacia, se requiere cierta dosis de realismo para poder poner los pies sobre la tierra. Por ejemplo, uno puede pensar que en una relación las diferencias entre la pareja es la fuente de los conflictos, esa dinámica conflictiva puede desplegar energías sino hay una dosis de racionalidad que autocontrole los impulsos, es más fácil negociar los defectos del otro a desplegar energías hundiendo mas la relación. Solo hay amor cuando se experimenta cada uno en el centro de su existencia misma, en ese sentido el amor es un desafío, porque no está en reposo, el amor es moverse, desafiarse, trabajar juntos, crecerse; si hay conflictos, tristezas, desavenencias, es secundario, lo importante es que desde su centro de la existencia se proyecten rumbo a los desafíos de la vida que les inquiere y no huir de ellos.