Para hablar de la codependencia hay que
situar el problema, si lo hablamos desde lo psicológico hay que ubicarlo, primero, en la noción de las trayectorias del
desarrollo y el segundo, en los modelos dinámicos internos. Si lo hablamos
desde una perspectiva de análisis social, hay que ubicar el problema en la
interacción social- humana entre el mercado y las creencias. Vayamos por
partes, desde la perspectiva psicológica, hay una línea a la que denominamos
trayectorias del desarrollo que plantea “cuanto más tiempo recorra alejado de
la normalidad, menos probable será el regreso a ella”. En este sentido, la
psicopatología se concibe, como una desviación del desarrollo, resultado de una
serie de fases sucesivas de desadaptaciones. En el segundo enfoque, es decir,
los modelos dinámicos internos, durante los primeros años de vida a lo largo de
las distintas interacciones con la figuras que las prestan los cuidados, el
niño va constituyendo gradualmente un conjunto de conocimientos y expectativas
sobre la forma como estas figuras actúan y responden a los pedidos de ayuda y
protección (accesibilidad y responsabilidad) y sobre el self (valor propio y
capacidad para influir sobre los demás). Sin embargo, en ambos casos hay que
prestar atención al síntoma. ¿Qué es un síntoma? Diría un gran amigo, Luis
Tamayo, psicoanalista, es la huella de un discurso olvidado, emergente del
océano de la historia social, familiar o individual. El síntoma de la
codependencia o apego psicológico es una adicción, en el sentido de la relación
de pareja. El problema de un adicto no es la droga en sí, sino su incapacidad
para controlar su consumo, el problema del apego es la incapacidad de controlar
su obsesión por el otro. Si lo ponemos en un esquema diremos, que una
referencia fundamental de las conductas de apego es la baja autoeficiencia “no
soy capaz de hacerme cargo de mí mismo”. Necesitamos de alguien más fuerte
psicológicamente que se haga responsable de mí. Las codependencias son un
otorgar el poder al otro. El sujeto no
busca amor, busca supervivencia, en estado puro. El amor es una actividad, no
es un afecto pasivo y como actividad
este no debe suscribirse a una persona. En ese sentido el amor romántico es una
falacia, dado que el despliegue de energía se realiza hacia una persona
idealizándola, demandándole afecto, incrustando la necesidad de recibir
pasivamente lo que el otro necesita. Algunos autores señalan que hay cuatro
factores que se mantienen como creencias y que resultan catastróficos para las
relaciones de apego. Considerar el amor como una religión, como meta trae
consecuencias que pueden ser fatales. El primer aspecto se refiere a la creencia
de que el amor es único, la segunda de que el amor es excluyente, la tercera de
que el amor es incondicional y la cuarta de que el amor es para siempre. La
realidad nos muestra que el amor es relativo, por la frecuencia de la
conflictividad en las relaciones, el amor se acaba, es decir si no se trabaja
se atrofia, el amor como actividad abre un abanico de posibilidades para amar a
más personas y finalmente, no es
incondicional, muchas veces nos vamos
cuando hay condiciones adversas en nuestra relación; por eso decía
anteriormente que el amor romántico es una falacia, se requiere cierta dosis de
realismo para poder poner los pies sobre la tierra. Por ejemplo, uno puede
pensar que en una relación las diferencias entre la pareja es la fuente de los
conflictos, esa dinámica conflictiva puede desplegar energías sino hay una
dosis de racionalidad que autocontrole los impulsos, es más fácil negociar los
defectos del otro a desplegar energías hundiendo mas la relación. Solo hay amor
cuando se experimenta cada uno en el centro de su existencia misma, en ese
sentido el amor es un desafío, porque no está en reposo, el amor es moverse,
desafiarse, trabajar juntos, crecerse; si hay conflictos, tristezas,
desavenencias, es secundario, lo importante es que desde su centro de la
existencia se proyecten rumbo a los desafíos de la vida que les inquiere y no
huir de ellos.
Impulsar el crecimiento y el desarrollo para una mejor calidad de vida de las personas y grupos con un enfoque humanista, partiendo de una intervención psicoterapéutica que ayude a crear capacidades para proyectos de vida, desde la dimensión personal y grupal, la recomposición del tejido socio-comunitario e institucional a través de actividades de psicoterapia grupal, cultura y proyectos educativos y productivos.