La
crisis actual tiene un punto de referencia: la falta de valores. La educación
caminó durante muchos años sobre los conocimientos, depositar conocimientos,
enseñar conocimientos, formar con conocimientos. Resultado, maquinas pensantes.
El problema es que también este modelo de educación se centró de la cintura
para arriba desde hace cuatrocientos años, aquella fecha en que se nos enseñó a
pensar el mundo, la realidad, como materia. Esta visión de un mundo material
impregno todo, puso en el centro de la razón todo y dejamos al dominio de esta
el control de la naturaleza teniendo como resultado, su destrucción. La
destructividad humana ha alcanzado niveles alarmantes en todos los aspectos.
Hemos dejado de vivir en la armonía con el mundo porque hemos creído que es
nuestro. Ese planteamiento absoluto de la razón a endiosado al hombre a niveles
de locura, despojando el alma de la naturaleza para convertirla en zonas
urbanas, edificios, carreteas, zonas comerciales, etc. No es que no esté de
acuerdo con eso, sin embargo, el hombre ha destruido habitas naturales
comprometiendo reservas importantes de oxígeno y el cuidado de nuestra fauna y
flora. Nuestra identidad se construyó en occidente y su configuración fue una
racionalidad que hoy, es el instrumento de nuestra propia aniquilación. Y digo
aniquilación porque cada vez demandamos más agua, más energía, más alimentos
mismos que empiezan a escasear. Al despojar el alma a la naturaleza también
empezamos a despojar nuestra propia alma; la deshumanización se aferra a esa
vieja teoría de Darwin de la teoría de la sobrevivencia del más apto y el más
fuerte. Somos el animal que con más de cien millones de neuronas y setenta mil
pensamientos diarios no ha caminado por el camino de los valores sino de la
utilidad que nos puede representar las cosas. Los valores fundamentales de un
ser humano deben, en mi opinión, atravesar el corazón del hombre. Los valores
como el respeto y el cuidado de nuestra madre tierra, la responsabilidad de la
vida, de los recursos, del respeto a los demás, de una cultura social del
orden, de la limpieza, de la construcción de un nuevo país, etc. Son
fundamentales para una nueva forma de vivir. Los japoneses, ese pequeño país
que no tiene gran cosa, ha sido potencia gracias a los valores, es gente que
aprendió después de una guerra a valorar la vida. Es un País que tiene una
cultura intachable con respecto al respeto. No podemos exigir que pare la
corrupción sin empezar por nosotros mismos. Si exigimos una calle limpia,
necesitamos poner el ejemplo, si exigimos no más corrupción necesitamos no
fomentarla. Muchos años he visto empleados que exigen mejores salarios y
simulan que trabajan. Cuantas veces no hemos sido testigo de darle unos pesos a
un policía con tal de que no nos multe. Hay dos países que los he visto crecer
a partir de una crisis, Japón y Cuba, el primero después de una guerra y el
segundo después de un bloqueo económico. El confort aniquila y eso nos está
pasando a los mexicanos; los mexicanos vivimos en un país que nos ha dado todo
y siempre estiramos la mano para pedirlo como se dice vulgarmente “peladito y a
la boca”. Nuestros recursos son vastos, nuestra riqueza infinita y nuestra
capacidad es mediocre. Somos unos derrotados desde antes de empezar. La actitud
es el problema, necesitamos cambiar, necesitamos hacernos responsables de
nosotros mismos y empezar a cambiar, necesitamos una mirada diferente,
necesitamos dejar de tirar basura en las calles, fomentar la corrupción,
estirar la mano para que nos regalen, necesitamos una nueva actitud ante el
trabajo. México tiene que mirarse grande, mirarse solidario, de otra manera
seguiremos teniendo los mismos gobiernos que nos reflejan en todo.
Impulsar el crecimiento y el desarrollo para una mejor calidad de vida de las personas y grupos con un enfoque humanista, partiendo de una intervención psicoterapéutica que ayude a crear capacidades para proyectos de vida, desde la dimensión personal y grupal, la recomposición del tejido socio-comunitario e institucional a través de actividades de psicoterapia grupal, cultura y proyectos educativos y productivos.