sábado, 21 de octubre de 2017

Una mirada a la crisis actual

La crisis actual tiene un punto de referencia: la falta de valores. La educación caminó durante muchos años sobre los conocimientos, depositar conocimientos, enseñar conocimientos, formar con conocimientos. Resultado, maquinas pensantes. El problema es que también este modelo de educación se centró de la cintura para arriba desde hace cuatrocientos años, aquella fecha en que se nos enseñó a pensar el mundo, la realidad, como materia. Esta visión de un mundo material impregno todo, puso en el centro de la razón todo y dejamos al dominio de esta el control de la naturaleza teniendo como resultado, su destrucción. La destructividad humana ha alcanzado niveles alarmantes en todos los aspectos. Hemos dejado de vivir en la armonía con el mundo porque hemos creído que es nuestro. Ese planteamiento absoluto de la razón a endiosado al hombre a niveles de locura, despojando el alma de la naturaleza para convertirla en zonas urbanas, edificios, carreteas, zonas comerciales, etc. No es que no esté de acuerdo con eso, sin embargo, el hombre ha destruido habitas naturales comprometiendo reservas importantes de oxígeno y el cuidado de nuestra fauna y flora. Nuestra identidad se construyó en occidente y su configuración fue una racionalidad que hoy, es el instrumento de nuestra propia aniquilación. Y digo aniquilación porque cada vez demandamos más agua, más energía, más alimentos mismos que empiezan a escasear. Al despojar el alma a la naturaleza también empezamos a despojar nuestra propia alma; la deshumanización se aferra a esa vieja teoría de Darwin de la teoría de la sobrevivencia del más apto y el más fuerte. Somos el animal que con más de cien millones de neuronas y setenta mil pensamientos diarios no ha caminado por el camino de los valores sino de la utilidad que nos puede representar las cosas. Los valores fundamentales de un ser humano deben, en mi opinión, atravesar el corazón del hombre. Los valores como el respeto y el cuidado de nuestra madre tierra, la responsabilidad de la vida, de los recursos, del respeto a los demás, de una cultura social del orden, de la limpieza, de la construcción de un nuevo país, etc. Son fundamentales para una nueva forma de vivir. Los japoneses, ese pequeño país que no tiene gran cosa, ha sido potencia gracias a los valores, es gente que aprendió después de una guerra a valorar la vida. Es un País que tiene una cultura intachable con respecto al respeto. No podemos exigir que pare la corrupción sin empezar por nosotros mismos. Si exigimos una calle limpia, necesitamos poner el ejemplo, si exigimos no más corrupción necesitamos no fomentarla. Muchos años he visto empleados que exigen mejores salarios y simulan que trabajan. Cuantas veces no hemos sido testigo de darle unos pesos a un policía con tal de que no nos multe. Hay dos países que los he visto crecer a partir de una crisis, Japón y Cuba, el primero después de una guerra y el segundo después de un bloqueo económico. El confort aniquila y eso nos está pasando a los mexicanos; los mexicanos vivimos en un país que nos ha dado todo y siempre estiramos la mano para pedirlo como se dice vulgarmente “peladito y a la boca”. Nuestros recursos son vastos, nuestra riqueza infinita y nuestra capacidad es mediocre. Somos unos derrotados desde antes de empezar. La actitud es el problema, necesitamos cambiar, necesitamos hacernos responsables de nosotros mismos y empezar a cambiar, necesitamos una mirada diferente, necesitamos dejar de tirar basura en las calles, fomentar la corrupción, estirar la mano para que nos regalen, necesitamos una nueva actitud ante el trabajo. México tiene que mirarse grande, mirarse solidario, de otra manera seguiremos teniendo los mismos gobiernos que nos reflejan en todo. 

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