viernes, 8 de septiembre de 2017

HACIA UN HUMANISMO QUE NOS TRASCIENDA

En el tiempo que estamos viviendo, que es el presente, somos y al mismo tiempo estamos dejando de ser. En la realidad, la mente se mueve entre el pasado y el futuro, nuestras mente se mueven en esos dos tiempos. La violencia que vivimos, el desempleo, las crisis existenciales, el dolor humano, la deshumanización escenarios que vivimos, leemos, pensamos, nos preocupa, son eventos que están presentes, anclados en el pasado y en el futuro; la humanidad está teniendo un parto muy doloroso para llegar a una conciencia que la ubique en un plano más trascendental. La tarea del conocimiento, de los saberes es preguntase ¿Cómo nos pensamos a nosotros mismos? La realidad con todo su peso, nos obliga a un diagnóstico crudo. Este parte de una primera característica de lo humano, la racionalidad; el individuo es un sistema racional autónomo y separado de su entorno que no tiene límites, es decir, el individuo se contempla a sí mismo como totalidad, una especie de ego que cancela la posibilidad de descubrir al otro como hermano, como prójimo capaz de amarlo. Ese ego no tiene trascendencia se encierra en su inmanencia, lo cual significa que todo proviene de él. El egoísmo torpe ha descubierto un yo encerrado. Las ciencias humanas construyeron un sujeto teórico, abstracto, discursivo. Cuando en la edad media, el pensamiento escolástico llegó a contemplar el universo como una obra divina, la mecánica cuántica vino a pasar el concepto de lo humano al plano de la acción, es decir, como instrumento a transformar. Pasamos de un sujeto metafísico a un sujeto concreto, material al que hay que volverlo objeto de transformación de la técnica,  en cualquiera de ambos planos, la educación tendrá un papel importante que hacer, una para humanizarlo o dos para alienarlo. La palabra alienación la uso para expresar como la formación de un sujeto ajeno a sí mismo, impulsado a educarse como una ideología lo desea. Todo dolor humano se encarna para hacer un corte en el cuerpo y en el espíritu, el mundo moderno está enseñándonos a modificar este dolor por la competencia a ser fuertes, cuantas personas demuestran una fortaleza que no tienen porque el mundo laboral, religioso, social las obliga a ser fuertes cuando por dentro son débiles. Es fundamental replantear la forma de ver la realidad e iniciar el camino hacia sí mismos, pues nuestra esencia no descansa en un yo encerrado, el éxito es un invento del mundo moderno que nos hace feroces competidores entre unos y otros; no creo que alcanzar el éxito sea la meta en la vida, me parece fundamental que lo que hay que alcanzar es la autorrealización personal, pues somos seres que hemos sido diseñados para proyectarnos al mundo, hacer proyecto en el tiempo. Un proyecto de vida debe impulsarnos a adquirir las herramientas para que los conocimientos sean una expresión de búsqueda al amor por la verdad, no que sea una asimilación, sino un proceso que nos permita descubrirnos y descubrir un entorno de seres humanos semejantes que tenemos que construir un mundo diferente, solo por el hecho de estar juntos en este planeta al que estamos destruyendo. Este reconocimiento de los otros debe modificar nuestra posición ante el mundo, descentralizando el yo, salirse de ese yo y trascenderse a sí mismo para colocar la atención en el prójimo lo cual generaría un movimiento, un proceso, un despertar en el ser. Esta posición es esencialmente humanista y a la vez si le quieren llamar un poco evangélica. Sin embargo, esa falsa posición cristiana que lejos de dotar un conocimiento interior y solo adoctrina a los cristianos no resuelve nada, solo establece fronteras del ego, donde el grupo asume una verdad que es única a la de otros grupos y sigue manteniendo un yo encerrado pero ahora en el grupo.  Hay que superar al mundo moderno trabajando por una construcción del sujeto en su campo o territorio interno, no hay salida, lo hacemos o viviremos muchos años y siglos creyendo que somos el centro del universo, ya Freud le dio un golpe a ese narcisismo cuando descubrió el inconsciente, lo que quiere decir, que nosotros, nuestra conciencia apenas conoce algo de sí, en realidad somos unos verdaderamente desconocidos de nosotros mismos.

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