En el tiempo que estamos viviendo, que es el presente, somos y al mismo
tiempo estamos dejando de ser. En la realidad, la mente se mueve entre el
pasado y el futuro, nuestras mente se mueven en esos dos tiempos. La violencia
que vivimos, el desempleo, las crisis existenciales, el dolor humano, la
deshumanización escenarios que vivimos, leemos, pensamos, nos preocupa, son
eventos que están presentes, anclados en el pasado y en el futuro; la humanidad
está teniendo un parto muy doloroso para llegar a una conciencia que la ubique
en un plano más trascendental. La tarea del conocimiento, de los saberes es
preguntase ¿Cómo nos pensamos a nosotros mismos? La realidad con todo su peso,
nos obliga a un diagnóstico crudo. Este parte de una primera característica de
lo humano, la racionalidad; el individuo es un sistema racional autónomo y
separado de su entorno que no tiene límites, es decir, el individuo se
contempla a sí mismo como totalidad, una especie de ego que cancela la
posibilidad de descubrir al otro como hermano, como prójimo capaz de amarlo.
Ese ego no tiene trascendencia se encierra en su inmanencia, lo cual significa
que todo proviene de él. El egoísmo torpe ha descubierto un yo encerrado. Las ciencias
humanas construyeron un sujeto teórico, abstracto, discursivo. Cuando en la
edad media, el pensamiento escolástico llegó a contemplar el universo como una
obra divina, la mecánica cuántica vino a pasar el concepto de lo humano al
plano de la acción, es decir, como instrumento a transformar. Pasamos de un
sujeto metafísico a un sujeto concreto, material al que hay que volverlo objeto
de transformación de la técnica, en
cualquiera de ambos planos, la educación tendrá un papel importante que hacer,
una para humanizarlo o dos para alienarlo. La palabra alienación la uso para
expresar como la formación de un sujeto ajeno a sí mismo, impulsado a educarse
como una ideología lo desea. Todo dolor humano se encarna para hacer un corte
en el cuerpo y en el espíritu, el mundo moderno está enseñándonos a modificar
este dolor por la competencia a ser fuertes, cuantas personas demuestran una
fortaleza que no tienen porque el mundo laboral, religioso, social las obliga a
ser fuertes cuando por dentro son débiles. Es fundamental replantear la forma
de ver la realidad e iniciar el camino hacia sí mismos, pues nuestra esencia no
descansa en un yo encerrado, el éxito es un invento del mundo moderno que nos
hace feroces competidores entre unos y otros; no creo que alcanzar el éxito sea
la meta en la vida, me parece fundamental que lo que hay que alcanzar es la
autorrealización personal, pues somos seres que hemos sido diseñados para
proyectarnos al mundo, hacer proyecto en el tiempo. Un proyecto de vida debe
impulsarnos a adquirir las herramientas para que los conocimientos sean una
expresión de búsqueda al amor por la verdad, no que sea una asimilación, sino
un proceso que nos permita descubrirnos y descubrir un entorno de seres humanos
semejantes que tenemos que construir un mundo diferente, solo por el hecho de
estar juntos en este planeta al que estamos destruyendo. Este reconocimiento de
los otros debe modificar nuestra posición ante el mundo, descentralizando el
yo, salirse de ese yo y trascenderse a sí mismo para colocar la atención en el
prójimo lo cual generaría un movimiento, un proceso, un despertar en el ser. Esta
posición es esencialmente humanista y a la vez si le quieren llamar un poco
evangélica. Sin embargo, esa falsa posición cristiana que lejos de dotar un
conocimiento interior y solo adoctrina a los cristianos no resuelve nada, solo
establece fronteras del ego, donde el grupo asume una verdad que es única a la
de otros grupos y sigue manteniendo un yo encerrado pero ahora en el grupo. Hay que superar al mundo moderno trabajando
por una construcción del sujeto en su campo o territorio interno, no hay
salida, lo hacemos o viviremos muchos años y siglos creyendo que somos el
centro del universo, ya Freud le dio un golpe a ese narcisismo cuando descubrió
el inconsciente, lo que quiere decir, que nosotros, nuestra conciencia apenas
conoce algo de sí, en realidad somos unos verdaderamente desconocidos de
nosotros mismos.
Impulsar el crecimiento y el desarrollo para una mejor calidad de vida de las personas y grupos con un enfoque humanista, partiendo de una intervención psicoterapéutica que ayude a crear capacidades para proyectos de vida, desde la dimensión personal y grupal, la recomposición del tejido socio-comunitario e institucional a través de actividades de psicoterapia grupal, cultura y proyectos educativos y productivos.
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